viernes, 21 de enero de 2011

ESCUCHANDO EL LATIDO DE LA MADRE TIERRA***



Tomar conciencia de cómo la madre tierra nos nutre a diario pasando, fundamentalmente, desapercibida por la mayoría de la raza humana.


Pararse a darnos cuenta de que estamos vivos porque Gea nos permite estarlo, aportándonos alimentos nacidos de sus entrañas, un suelo sobre el que vivir y mantenernos erguidos, por su fuerza gravitatoria, en conexión con el padre cielo y la madre tierra, que denominaban los nativos americanos.


Según un reportaje televisivo de los nativos del amazonas, el latido de la tierra, y el movimiento de la naturaleza se puede escuchar aumentando la percepción humana con plantas medicinales que permiten entrar en un estado alterado de conciencia, sin estar drogado, algo que también consiguen los místicos mediante la meditación. Según explican quienes han tenido esta experiencia, se concibe la tierra como algo vivo, escuchándola respirar y percibiendo cada movimiento como una secuencia de imágenes tal y como se mostraba en el largometraje "Matrix". Al igual que los hindúes, para los nativos citados, lo que denominamos "realidad" es "maya" un sueño del alma, por lo que se deduce que la verdadera esencia de la tierra, de la vida, es algo muy diferente a lo que la mayoría de los seres humanos podemos alcanzar a percibir y a comprender.


En los últimos años, se han disparado las alarmas sociales con reuniones medioambientales a nivel mundial.


Los gobiernos de todos los continentes se han visto obligados a responder a las cuitas de la gente haciendo ver que, al menos, se congregaban para hablar al respecto. Se ha oído hablar mucho, por tanto, de planes medioambientales para mejorar la calidad de vida del planeta, pero no se han escuchado mensajes que se hicieran eco del ruego ya hecho en 1854 cuando el jefe indio Noah Seattle, o Sealth, pidió respeto a la tierra al presidente norteamericano Franklin Pierce, cuando despojaron a los indios de su hogar para encerrarles en una reserva.


En el Manifiesto Ambiental de Noah Seattle, el sabio jefe indio pedía como condición de que les echaran de sus tierras, que se educara a los hombres a comprender que la tierra es madre, que es sagrada, no algo que se compra, se explota y se vende.


"Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra esta enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurriría a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos. Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia.


. El hombre no tejió la trama de la vida; el es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a si mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con el de amigo a amigo, queda exento del destino común.


Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios".


Ya en 1854 se auguraba las terribles consecuencias que tendría la falta de respeto al planeta como algo sagrado. La extinción de animales y plantas, de seres humanos víctimas de desastres naturales provocados por la contaminación ambiental, en parte.


La clave de la recuperación del planeta, entonces, no reside en reuniones de políticos que buscan encontrar soluciones medioambientales que no perjudiquen a los beneficios de las industrias, esto es obviamente sólo de cara a salir bien en la FOTO. El ruego de la madre tierra va dirigido a cada uno de sus hijos, que mediante la toma de conciencia de este vínculo, cuidarán de ella como invitan a hacer los tres primeros de "Los Diez Principios Nativo Americanos:


"Trata a la Tierra y a todo lo que hay en ella con respeto,


Mantente cerca del Gran Espíritu,


Muestra gran respeto por tus semejantes".


Devolviéndole los mimos que la tierra, generosamente, nos concede, quizás, algún día, sin esperarlo, podamos percibir el latido de su corazón……

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